...Volviendo a ser niño...

Ir a la feria es una actividad que por lo general, suele gustar a todos los niños.
Hay un montón de estímulos visuales y sonoros que les invitan a pasarlo bien aunque solo sea paseando por las atracciones, y que les atraen a querer subir una y otra vez hasta dejarnos sin blanca.

Pero llega un momento en el que ya no suben a las atracciones de la feria. Hemos dejado de ser el niño que vivió en nosotros, para ser el adulto que vive hoy repleto de prejuicios que te alejan de esa diversión.
Y hay miles de "quizás" que podríamos argumentar, por los que dejamos de sentirnos niños en ese entorno tan entrañable:
Quizás somos "mayores" y tal atracción es "de pequeños"; quizás sentimos vergüenza del qué pensarán si me ven subir a tal o cual atracción o tal vez pensamos que ya no nos corresponde... 

Sea cual sea el motivo, hay un momento, imagino que en la pre-adolescencia, que dejamos de hacer un montón de cosas divertidas para siempre.
Y de repente eres padre/madre y todos tus "quizás" ya no importan.

En mi caso tengo la gran suerte de trabajar con niños, lo que me permite tener un estrecho contacto con mi yo de la infancia. Pero es que además, para mi una cosa divertida lo era lo es y lo será, y me encanta. Me gusta jugar al escondite, me gusta saltar, cantar bailar... y por supuesto me gusta la feria.

Y el que creo que ha vuelto a reencontrarse con su yo de la infancia, y está más que encantado, es el papi, que con la excusa de "para que no esté el niño solo" mirad cómo lo pasó.








Y por supuesto yo, me tiré también a la cama elástica... 



Gracias Marc por dejarnos ser niños otra vez




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