... al otro lado...

 
En septiembre, seré tutora de una clase de tres añitos, como muchas sabéis soy maestra de educación infantil.
Pues bien, a principios de julio tuve una reunión con mis futuros "padres y madres" los cuales me miraban expectantes ante todo lo que les iba diciendo; sus hijos venrán en breve al "cole de los mayores" y año tras año, siempre que cojo tres añitos veo caras de  temor-alegría.
En la reunión les comentamos toda una lista de consejos y recomendaciones para que la adaptación de los pequeños al centro sea lo más "normal" y feliz posible para los peques y sus famílias: que si no controlan esfínteres que aprovechen el verano para hacerlo, que no les muestren ansiedad ante el colegio, que les "vendan" a su maestra como alguien con quien se lo pasará muy bien, que hara amiguitos, que aprenderá muchas cosas bla bla bla... 

Ay señoras! Cómo cambia la cosa cuando estás al otro lado.

Días después de mi reunión como maestra, allí estaba yo en la reunión de la escuela infantil a la que irá Marc el año que viene, estaba en el otro lado, era una reunión a la que asistía como madre.
Y sí digo año, no curso; puesto que hemos decidido que Marc empiece el curso en Enero. 

La verdad es que me  sentí rara, puesto que muchas de las cosas que me iba a decir (aunque yo trabajo en un colegio y no en una guardería) ya las sabía, pero la sensación era completamente diferente, estabamos hablando de mi hijo.

Si hay alguna maestra leyéndome me entenderá  fácilmente, porque a veces las maestras tenemos ese punto de objetividad, imparcialidad... llámalo como quieras, para recomendar a una madre que viene pidiendo consejo, o ayuda.... Y aunque tenemos un afecto enorme (yo por lo menos) por nuestros alumnos, nada es comparable a un hijo.

Al poco de empezar a trabajar, la mamá de un alumno "especial" vino a la salida del colegio a hablar conmigo asombrada de que su hijo había salido del cole con el baby puesto:
- ¿Cómo has conseguido ponerle el baby?
- Pues poniéndoselo, una manita primero, luego la otra y abrochándole los botones.
- ¿Y no ha llorado?
- Sí
- Ah!
Le expliqué a la madre, que el niño había llorado un rato y dado que no le "hacía caso" se había quedado con su baby tan tranquilo... como los demás niños.

Ahora veo que esa parte emocional que las maestras no tenemos, sí la tenemos las madres, y se que como yo y su papá no lo va a cuidar nadie, así que supongo que el otro día en la reunión, yo también tenía la cara de temor-alegría.

Pero bueno, toca ser "valiente" porque sin duda hemos elegido muy bien el sitio donde irá Marc y seguro que cuando lo vea contento, se me pasan los temores lógicos de una mamá primeriza.


En el próximo post os dejaré algunos aspectos que hemos tenido en cuenta para la elección del centro.
Besotes y gracias por leerme.

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